Oblatas Europa
Reflexiones Cuaresma

Domingo de Ramos 2020

 

Reflexión

Este año viviremos el Domingo de Ramos de manera diferente. No se llenarán nuestras calles con las procesiones del Señor en el burrito, ni habrá ramos bendecidos. Tendremos que conformarnos con ver alguna celebración por la televisión o las redes sociales. Sin embardo, lo que esta semana celebraremos tiene, para las personas cristianas, un significado mucho más profundo que el rito de las procesiones o las celebraciones:

Al contemplar la muerte y resurrección de Jesucristo por la salvación del ser humano, tendremos la oportunidad de unirnos a la 'pasión mundial' que estamos sufriendo por la pandemia del Covid-19. Es algo que nos ha pasado, ante lo que no podemos hacer nada, nos desinstala como humanidad y nos hace sentirnos pequeños. De repente todas las seguridades que teníamos desaparecen y afloran, como protagonistas absolutas de este momento, el miedo al contagio, a la enfermedad, a la muerte. Tememos por nosotros y, sobre todo, por el sufrimiento y soledad de nuestros seres queridos. Nos sentimos necesitados, desnudos y con muchas preguntas. ¿Cómo en el siglo XXI puede ocurrir algo así? ¿Cómo puede ocurrir esto en Europa? ¿Estas catástrofes, no pasaban siempre lejos de nosotros? De repente nos hemos igualado desde la vulnerabilidad, no es algo que les pase sólo a los que veo en la televisión, afecta a mi ciudad, a mis vecinos, a mi familia.

Qué bien, si estos días nos sirven como raza humana para ver a tantos 'cristos' que hoy siguen crucificados en las cruces del mundo. Desde nuestra mirada de oblatas, pensar en las mujeres que son víctimas de trata para la explotación sexual, o de las que, buscando un futuro mejor, ejercen prostitución en nuestras ciudades. Igual esta situación nos ayuda a ser una sociedad más solidaria, con quienes tienen que dejar su país para poder 'simplemente' vivir, huyendo del hambre, la guerra o las enfermedades. ¿Habremos aprendido algo?

Cuando contemplemos la entrada de Jesús en Jerusalén, nos puede parecer que toda la ciudad estaba allí para recibirle, esa imagen no es cierta, Jesús entró y eran unos pocos los que lo aclamaban como Mesías. Tampoco tenían alfombras 'rojas' para que hiciera su paseo triunfal, eran los propios mantos de sus seguidores los que servían de alfombra, algo que no tendría mucho glamour. Y tampoco entra montado en un gran caballo, sino a lomos de un borrico. Su entrada más que triunfal, tiene mucho de humilde, como humilde también era el cortejo que le seguía. Y todas/os ya sabemos que lo que pasó después.

Como seguidoras/es de Jesús tendremos que estar dispuestas/os también a hacer el camino de seguimiento, no de manera triunfal, que es lo que muchas veces nos gustaría, sino de manera humilde. Recordando que seguimos a un Dios pobre, nuestro camino deberá ser pobre, seguidoras/es de un Dios que recorría los caminos de Galilea humanizando, también nuestro seguimiento deberá ser humanizador.

Subamos a Jerusalén con Jesús, ¿estamos dispuestas a acompañarle hasta la cruz?

 

Nieves de León Reyes OSR

 

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Reflexiones de Cuaresma

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V Domingo de Cuaresma

Reflexión previa al Domingo de Ramos